sábado, 2 de febrero de 2013

ADVENTISTAS DEL SEPTIMO DIA






Inicios

Nació en el siglo XIX, en los Estados Unidos. La época de William Miller, su primer fundador, y después la de Ellen White, con sus importantes escritos y su impulso decisivo para el movimiento fue una época de profetismo intenso. Miller nació en una familia bautista, pero perdió la fe en su juventud. Al recuperarla, y ser admitido de nuevo en su iglesia, se dedicó al estudio de las Sagradas Escrituras.
Preocupado por el advenimiento del Señor creyó poder llegar a determinar su fecha con algunas cifras que aparecen en el libro de Daniel y él consideró que hacían referencia a la venida de Cristo.

Sus cálculos le llevaron a fijar ésta para 1843. Así lo profetizó en sus predicaciones y en su libro: "Pruebas evidentes por la Escritura y por la Historia de la segunda venida de Cristo hacia 1843". Poco feliz en sus predicciones, ni en ese año, ni transferida la fecha por su discípulo Snow al 22 de octubre de 1844, se cumplió su profecía. Ante el fracaso, sus seguidores trataron de buscar una explicación, una fórmula que descifrase su incumplimiento. 

Tras aceptar que el advenimiento estaba muy próximo, sin fijar fecha, hallaron quien les elaborase no sólo una explicación sino toda una doctrina religiosa: la conocida hoy por Adventismo del séptimo día. Fue esto obra de una mujer de cualidades verdaderamente extraordinarias: Hellen Gould White. 

White fue una mujer de una vida muy larga y activa. Nacida en 1827 y afiliada al principio al Metodismo, siguió más tarde las doctrinas de Miller, y por su matrimonio con un predicador adventista se convirtió en una ferviente propagandista de estas ideas. Viajó incesantemente por América, Europa y Australia y escribió infatigablemente. 

Dotada de un poderoso don de organización, las doctrinas y la expansión del Adventismo a ella lo deben todo. Falleció en 1916. Nos interesa de ella especialmente su carácter hipersensible de visionaria y profetisa, en el que seguramente influyó el ambiente de aquel momento en Norteamérica.
Era una época en que abundaban los "profetas". En 1844 muere J. Smith, el fundador de los Mormones, quien con sus visiones y predicaciones consiguió arrastrar, en un portentoso éxodo, a miles de seguidores a través de toda Norteamérica, de este a oeste, hasta fundar un Estado teocrático a orillas del Lago Salado. 

Esta época ve surgir también a Mary Baker Eddy, la "profetisa" fundadora de la Ciencia Cristiana. Otras muchas sectas proféticas y escatológicas pululaban en una atmósfera de fervor entusiasta y esperaban la próxima llegada del Señor.
Se daban misiones, a veces, en lugares casi desiertos, a las que acudían las gentes desde muy lejos, acampando alrededor del predicador y en un ambiente de lucha de unas y otras por ver cuáles presentaban más prodigios y se llevaban tras sí más convertidos, que pasaban de una confusión a otra con pasmosa facilidad y manifestaciones cada vez más exaltadas. 

En este ambiente eran frecuentes las supuestas revelaciones. En H.G. White influyó no solamente esto, sino también un grave golpe sufrido en su niñez, que pudo ser origen de desequilibrios mentales. 

Escritores protestantes como Canright, que la conoció durante más de veinte años, afirma que sus visiones eran efecto de una enfermedad nerviosa, y G. W. Ridault dice que era una fanática autoengañada, cuyas doctrinas hacen a sus lectores pusilánimes y tristes, produciéndoles dudas; y ella decía de sí misma que temía ser infiel. 

Enumera este autor hasta treinta y ocho las veces que ella dice en sus obras que tuvo el don de la inspiración. En efecto, desde las primeras páginas de "El conflicto de los siglos", pasando por "Las joyas de los testimonios" y "El camino a Cristo", entre sus obras más extensas, hasta el más reducido de sus artículos, es frecuentísimo, encontrar estas frases: "Mediante la iluminación del Espíritu Santo me fueron reveladas..." "El Señor me ha dicho..." "El Señor quiere..."
Esta mujer trató de resolver los problemas que habían suscitado los cálculos de Miller y la identificación del Santuario, del que se habla en el pasaje de Daniel, que interpretó aquél. Haciendo una arbitraria exégesis de un texto, de indudable sentido metafórico, del autor de la Carta a los Hebreos, en el que menciona el Santuario del cielo, allí lo localizó la señora White. 

La idea de la entrada de Cristo el 22 de octubre de 1844 en el Santuario celestial para purificarlo es de lo más fantástico que ha podido urdirse y manifiesta bien la imaginación de novelista de la hermana White, quien para reforzar sus argumentos indicó que todo ello lo había conocido a través de una visión que le había sido otorgada. 

Sus discípulos le dieron el título de "Espíritu de profecía", con el que se la conoce, y se cita corrientemente entre los suyos, y el Adventismo, con una serie de doctrinas a ésta encadenadas, quedó constituido en una nueva religión.

El Antiguo Pacto 

Los adventistas creen que las prohibiciones sobre la comida en la Antigua Alianza siguen como ley de Dios hoy día, por eso prohíben comer carne de cerdo, mariscos y sangre, observan el sábado y promueven el diezmo. 

No son consistentes en su obediencia a las leyes del Antiguo Testamento. Por ejemplo, no practican la Pascua que era una ley de igual importancia que la del Sábado. La Iglesia Adventista del Séptimo Día es una de las pocas iglesias y grupos sectarios que practican un tipo de lavatorio de los pies. Los adventistas creen que el Arcángel Miguel era Jesús en forma de ángel. 

Ellos -al contrario de los testigos de Jehová- creen que Jesús es Dios, que forma parte de la Trinidad. La revista mensual en español de la iglesia Adventista se llama Enfoque de los Tiempos. Como en el caso de otras grupos sectarios, tenemos que debilitar la confianza en su religión para que los adeptos puedan regresar a la Biblia con más objetividad. 

Esto se consigue mostrándoles algunas razones importantes para no confiar en Elena de White. Más adelante encontraremos ejemplos de algunas cosas que ponen en duda sus pretensiones de ser profeta de Dios.

Elena de White 

Según la enseñanza oficial de los Adventistas del Séptimo Día que se publica en la revista oficial The Adventist Review, Elena de White es la clave para el entendimiento correcto de la Biblia, ya que ella es la intérprete infalible de la Biblia y la corte final de apelación para la gente de Dios. 

Elena de White hizo profecías que se han cumplido y otras que están esperando su cumplimiento: "el Señor le dio consejos sobre la salud, la educación, la vida familiar, la dieta, la medicina, y la evangelización..." (p. 226). 

Su papel principal era guiar el entendimiento de la Biblia y confirmar las conclusiones que se derivan del estudio bíblico (p. 227). La Asociación (Conferencia) General, sede mundial de los adventistas en Washington, D.C., señala que se debe examinar y comprobar todas sus palabras para verificar si era o no profetisa de Dios (p. 228). 

Los editores, bajo la dirección oficial, hablan de los cinco tomos mencionados: Dicen del tomo IV que es un libro inspirado (White, IV, 6). Sobre el primer tomo dicen que la obra arroja luz. En el tomo V ellos llaman a Elena de White una profeta. Por lo menos que sepa este autor, el adventismo no ha ido en contra de alguna enseñanza de Elena.

Doctrina 

1. Actualmente ya ha empezado el juicio en el Santuario celestial, revisándose la vida de cada uno. Terminado éste, Cristo vendrá a la tierra, habiendo comenzado ya las señales precursoras que El anunció en el Evangelio respecto a su venida. Con ella comenzará el milenio.

2. En él resucitará Cristo a los justos, llevándolos con El al cielo por mil años. El demonio quedará atado a la tierra, vacía por este tiempo. 

3. Pasado el milenio Satanás será soltado, resucitarán los malvados; bajarán del cielo Cristo, los justos y la ciudad celestial de Jerusalén. Tendrá lugar la batalla final de Satanás y los malvados contra ella. Uno y otros serán aniquilados, y la tierra, purificada por el fuego, volverá a ser un paraíso, reino eterno de Dios con los suyos. 

4. El alma humana, que de por sí no es inmortal, queda en la inconsciencia en el sepulcro con la muerte. En la resurrección, la inmortalidad será un premio concedido a los justos y negado a los malvados, cuyas almas serán aniquiladas. No existe, pues, el infierno. 

5. Los adventistas deben observar el sábado como día festivo, en lugar del domingo. La imposición de esta práctica debe mucho a otra supuesta visión de la hermana Elena. 

6. Deberán observar y predicar la paz en todas partes. Son exaltados pacifistas.
7. Habrán de seguir un régimen de vida vegetariano naturista no sólo en la alimentación, sino también en la aplicación de remedios medicinales. 

8. Observarán rígidas prohibiciones sobre el alcohol. café, té, tabaco, etc. Es lamentable que una doctrina básicamente cristiana, pues tienen a Cristo por Dios y Salvador, al que parece profesar un amor tan profundo y que practica muchas virtudes, pueda llegar a caer en tan profundos y peligrosos errores y en tal grado de desvalorización "por apartar sus oídos de la verdad para volverlos, a las fábulas" (2 Tim 4, 4) de imaginarios milenios, visiones y profecías.

Las prácticas adventistas 

Con el adventismo nos encontramos frente a una doctrina sistematizada, propagada con medios eficientes y económicamente abundantes, practicada dentro de una perfecta organización, con una disciplina severa, profesada por más de un millón de adeptos, con una tendencia marcada al crecimiento en número. Interesa, por lo tanto, después de conocidas sus doctrinas, ya expuestas, fijarnos en el modo de practicarlas. 

Por consiguiente, referirnos a su organización, culto, prácticas de vida, propaganda, peligros que encierran estas ideas para el católico vulgar y posibles motivos de expansión de las mismas. La secta es congregacionalista; por lo tanto, cada comunidad constituye una iglesia independiente, unida a las otras en el plano de cada nación por la Conferencia Nacional y en orden mundial, por la Conferencia General.

Divide el mundo para su actuación sobre él en doscientos ochenta y dos distritos. Los ministros de estas iglesias son los pastores y los ancianos (presbíteros), sin que estos cargos tengan carácter sacerdotal, ya que carecen del Sacramento del Orden. Son cargos conferidos por sus propias asambleas a aquellos que tienen más categoría o antigüedad en sus iglesias (presbíteros, en el sentido de ancianos) o cierta preparación y estudios religiosos (pastores). 

La disciplina de la secta es muy severa. Cualquier contravención en las prácticas de vida señaladas por la misma pueden dar ocasión a la expulsión de ella. El valor que dan a las profecías de su fundadora y a las decisiones de la Conferencia General, para ellos "la más alta autoridad de Dios sobre la tierra", están refrendadas por una infalibilidad tan absoluta, que ello les somete a una dependencia incomparablemente mayor de la que pueda tener un católico respecto de Roma. 

Para el ingreso en el Adventismo es absolutamente preciso contestar afirmativamente a este pregunta: "¿aceptáis el espíritu de profecía tal y como se ha manifestado en el seno de la Iglesia final por el misterio y los escritos de la señora White?" (Manual de la iglesia, artículo 18). El culto se celebra los sábados. Cantos, lectura de la Biblia, comentarios sobre ella, lavatorio de los pies, pública reconciliación y la Cena.

Esta, en realidad, no es un sacramento, como tampoco lo es el Bautismo. Son éstos los dos únicos símbolos sacramentales que conservan. La primera se celebra con pan y zumo de uva sin fermentar, simbolizando ellos el cuerpo y sangre del Señor, en memoria de su muerte, y representando su presencia constante, si bien puramente espiritual, en el alma del creyente. 

El Bautismo, sólo para adultos y por triple inmersión, simboliza la muerte al pecado del hombre viejo y la resurrección del nuevo, así como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. La escuela sabática, en secciones para niños y adultos, y dentro de éstas, divididas en grados, tiene programas muy bien planeados desde el punto de vista didáctico. 

El pago del diezmo es obligatorio, aparte de otras colectas celebradas con ocasión de sus reuniones o cultos. Todos los adventistas son por esencia misioneros de su doctrina, porque esperando la próxima venida del Señor y dependiendo ésta de que la predicación de este mensaje se haya extendido por el mundo entero, es natural que den el lugar preponderante de su actividad a esta propaganda.
Tienen misiones en trescientos ochenta y cinco países de setecientas catorce lenguas y dialectos, millares de escuelas y un espíritu misional intenso en el seno de sus iglesias merced a las organizaciones de juventudes misioneras voluntarias (J.M.V.) y el movimiento "Comparte tu fe" (C.T.F.). 

No obstante, se observa en toda la vida religiosa de la secta una gran falta de espiritualidad, por tener cortadas todas las fuentes principales de ella; los sacramentos, principalmente la Eucaristía, la falta de devoción a María, el concepto del alma, etc. Por eso, sus escritos sobre temas religiosos o espirituales tienen un campo muy reducido. 

En general, su moral es austera y fundada en el principio ortodoxo de que el cuerpo humano es templo del Espíritu Santo. Pero, como exaltados y fanáticos, parecen querer demostrar que esa doctrina la han descubierto ellos, y atacan al catolicismo la creencia de no dar ninguna importancia al cuerpo, en el plan divino de la salvación, por dársela toda al alma. 

Con esta doctrina, "reinventada" por ellos, no sólo sostienen que hay que usar moderadamente de los alimentos para luchar con éxito contra la carne, lo cual constituye una verdad irrefutable y una doctrina de la más sana espiritualidad, sino que, exagerando y desorbitando los hechos, llegan a prohibir el consumo de muchos de aquéllos y de varias bebidas, tratando de fundar todo esto en la Escritura.

Parece que en ellos las virtudes se han vuelto locas, como observaba Chesterton al hablar de las virtudes separadas de su verdadero tronco católico, y al sentirse aisladas y vagar con desorden causan no pocos estragos. 

Pretenden fundamentar la abstención del alcohol, así como la del tabaco, en la Biblia, porque "nada impuro entrará en el cielo" (Ap 21, 27). Llegan en sus exageraciones a pretender que en la Escritura vino y zumo de uva son la misma cosa, y que el Señor, en su última Cena, empleó ciertamente este último y no precisamente vino; y en su manía antialcohólica la señora White llega a decir que por medio del vino Satanás urde trampas no sólo en todos los asuntos de la vida, sino que hace llegar éstas hasta el altar. 

La prohibición de comer carne parece tener también pretendido fundamento bíblico -quizá Gen 1, 29-; pero, sea cual fuere el texto en que pretendieran apoyarlo, lo cierto es que siempre estaría en contradicción con Rom 14, 14; Col 2, 16-20; 1 Tim 4, 2-5; Lc 7, 34; Hch 10, 15, y Mc 7, 18, los cuales claramente se refieren a toda cesación de impureza legal de los alimentos.
Pero, en realidad, el régimen vegetariano, así como el empleo de los remedios de la medicina fisiátrica, son debidos a una supuesta revelación de H. G. White. En 1864, estando gravemente enfermo su marido, tuvo esta inspiración divina, y con ella no sólo impuso el régimen a la secta en su alimentación, sino que fundó la obra médica sobre principios semejantes. 

En efecto, en 1884 fundó el "Instituto del Oeste para la reforma de la salud", destinado a formar los cuadros de los médicos evangelistas misioneros, y fue el comienzo de la obra médica adventista, que existe actualmente: 150 hospitales y clínicas y varios millares de médicos, enfermeros y empleados sanitarios. 

Aunque en estas instituciones estén proscritos la mayoría de los remedios clásicos en medicina, no dejan de ser una importante realización adventista y, sobre todo, un maravilloso medio de propaganda de sus ideas.

Propaganda

Fanáticos misioneros, su propaganda es insistente, de puerta en puerta ofreciendo publicaciones sobre temas que atraigan la curiosidad del lector. Muy intensa también tanto por medio de la prensa como de la radio. Los colportores -vendedores de la literatura adventista- son astutos propagandistas y tanto les admiraba la fundadora, que les llamaba "misioneros que se consagran a Dios para dar el último mensaje de amonestación al mundo". 

La propaganda impresa es enorme y hábil. Tienen imprentas y editoriales en todos los países del mundo, tirando millones de ejemplares de sus publicaciones en todas las lenguas. En países donde no gozan de libertad de propaganda funcionan sus editoriales encubiertamente, publicando obras y revistas en las que, sin defender claramente las doctrinas principales de la secta, tratan de obras que practican, tales como vegetarianismo, antialcoholismo, pacifismo, etc., desde un punto de vista que pretende ser científico o moral. 

La propaganda radial ha adquirido últimamente grandes vuelos. En Norteamérica son muchos cientos de emisoras las que transmiten varias charlas semanales para un número incontable de oyentes, y cursos por correspondencia por medio de la emisión "La Voz de la Profecía". Algo parecido en América del Sur con "La Voz de la Esperanza", en nuestro idioma, y en Europa por medio de Radio Luxemburgo, Montecarlo, etc.

Conclusión

Con la Iglesia Adventista del Séptimo Día, no estamos frente a una secta hirviente en su "despertar", sino ante una Iglesia estalecida, bien organizada, sólidamente asentada sobre finanzas abundantes y prudentemente administradas. El espíritu de profecía parece haber cedido paulatinamente el paso a una severa enseñanza dogmática, enseñanza duplicada por las prácticas estrictas. Su progreso, sobre todo en los países de misión, y un poco en todas partes, es bastante notable.
Al margen de una auténtica grandeza cristiana, la Iglesia adventista insite repetidamente en imponer doctrinas sumamente opinables en las que ella basa desgraciadamente su originalidad. Es posible que el gran defecto adventista sea el haber querido renovar el cristianismo con elementos tomados del Antiguo Testamento. 

Tan opuesta a las confesiones reformadas como al catolicismo, la Iglesia adventista rechaza participar en el movimiento ecuménico, no parece creer en un milagro del Espíritu Santo para reunir a todos los cristianos desunidos y solamente ve en estas tentativas de un pragmatismo burdo, sin otra finalidad que constituir un frente común contra el comunismo. 

Más seriamente "bíblica" que la mayoría de las demás sectas importantes, su interpretación de las profecías está viciada, desgraciadamente por una fantasía que acabará apareciendo patente a los ojos de sus miembros más importantes, cuando su ciencia bíblica reciba más luces. Al menos nos invita a una profundización en la Escritura por parte del pueblo cristiano, no para descubrir argumentos con vistas a una refutación inútil, sino para un mayor conocimiento de la auténtica Palabra de Dios.


Fuente: www.aciprensa.com
 
Parte del Contenido de esta sección es cortesía de la Fundación S.P.E.S
Bolívar 216, 1° "A" (1066) Buenos Aires - Argentina. Tel: (54 11) 4343-7702
E-mail : spes@sinectis.com.ar

El material forma parte de su curso por e-mail : "El Fenómeno de las Sectas y los NMR" Auspiciado por el Arzobispado de Buenos Aires. Especial agradecimiento al Lic. José María Baamonde, Presidente


viernes, 1 de febrero de 2013

LOS METODISTAS



Lo siguiente es un resumen de la historia, creencias y practicas de las iglesias metodistas.
 
Iglesias metodistas
Fundación: 1738
Personas importantes: Juan Wesley
Membresía mundial: 40 millones
Grupos: Metodista Unida, Metodista Libre, Metodista Episcopal Africana

Historia y origen del metodismo:

Antes de morir Juan Wesley escribió una breve historia del metodismo. En ella, Wesley dice que el movimiento empezó en el 1729 cuando él era un diacono en la Iglesia de Inglaterra y estudiante en la universidad de Oxford. El junto a su hermano Carlos y unos amigos empezaron a reunirse cada semana para estudiar el nuevo testamento en griego. Consideraban que la Biblia era la autoridad absoluta, y relacionaban todo de acuerdo a ella. Wesley escribió que un joven, al notar la "regularidad exacta "de sus vidas y estudios, los llamó metodistas. El nombre se pegó. Wesley también escribió que recibieron muchas críticas por ser muy rígidos y tomar la Biblia literalmente. A esto los jóvenes respondían que su deseo era ser "cristianos bíblicos".
En el 1735 Juan y Carlos viajaron a Georgia, en América, para predicar el evangelio allí. Juan regreso a Inglaterra en el 1738 para reunirse con otros pastores metodistas y formalizar la doctrina que los unía. Esa doctrina se basó en tres puntos: 1) Que los hombres son, por naturaleza, muerto en el pecado y, en consecuencia, hijos de ira. 2) El hombre es justificado por la fe solamente. 3) La fe produce santidad interior y exterior.

Los metodistas exigían congregarse regularmente, participar de grupos pequeños para estudiar la Biblia, ayudaban al trabajador y al pobre, sus pastores predicaban en la calle y hasta mujeres llegaron a tener posiciones de liderazgo, algo que fue bastante controversial en su tiempo.

En el 1771 Juan envió misioneros a las colonias americanas. En el 1778, bajo la bendición de Wesley, se formó la denominación Metodismo de Norte América.
Doctrinas, creencias y practicas
  • Los metodistas creen en la Trinidad: Jehová Dios, Jesús su hijo único y el Espíritu Santo.
  • Cristo Jesús es la manifestación humana de Dios, fue nacido de la virgen María, murió en la cruz, resucito, y regresara de forma gloriosa para juzgar al mundo.
  • La salvación es por la gracias de Dios, a través de la fe en Cristo.
  • Al morir, los justos pasaran inmediatamente a la presencia de Dios, los injustos serán condenados al infierno.
  • La Biblia, compuesta por las escrituras canónicas del Antiguo y Nuevo Testamento, es la palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo.
  • La santificación del creyente es una obra del Espíritu Santo y es una meta para el metodista.
  • Aceptan los credos tradicionales de la fe cristiana.
Los metodistas practican el bautismo creyendo que es un acto simbólico de la nueva vida en Cristo. Por esto, solo personas que tienen conciencia del pecado y arrepentimiento pueden ser bautizados. Esto quiere decir que los niños no son bautizados, sino dedicados al Señor durante sus primeros meses.

Como otras iglesias protestantes, los metodistas participan de la Santa Comunión y de servicios de adoración cada semana. Estos servicios son típicos de un iglesia cristiana e incluyen lecturas bíblicas, alabanzas y oraciones.

Generalmente, los metodistas unidos son considerados más liberales que los metodistas libres. Como denominación, la iglesia metodista unida oficialmente no ha cambiado su posición original en cuanto al homosexualismo, pero algunas congregaciones individuales han aceptado a personas gay como lideres y directores de ministerios locales.
La administración de las denominaciones metodistas son los pastores locales, superintendentes de distritos y obispos al nivel nacional e internacional.

Fuente: www.about.com. Este resumen incluye información citada en las siguientes fuentes: John Wesley: Holiness of Heart and Life (http://www.umcmission.org/); Methodism en Patheos.com; y Religionfacts.com.









miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿CUÁNDO NACIÓ JESUCRISTO?



La historicidad de Jesús de Nazaret está fuera de toda duda, pero la fecha exacta de su nacimiento sigue siendo un misterio. 



Jesús de Nazaret no nació un 24 de diciembre. Tampoco nació en el año cero –nunca hubo tal– o en el año uno de nuestra era. Es difícil entenderlo, pero de hecho Cristo nació antes de Cristo.

El culpable del desfase temporal fue un monje escita que vivió entre los siglos V y VI llamado Dionisio el Exiguo, cuyo apodo parece responder a que era muy pequeñito. En cierta ocasión, corriendo el año 525, el papa Juan I encargó a este Dionisio un nuevo calendario para identificar correctamente las fechas de Pascua. Dionisio era un gran cerebro de la época, versado en Derecho Canónico y en Matemáticas.

Nadie mejor que él, por tanto, para acometer la compleja tarea de reformar el calendario.

Hasta ese momento, en Europa se contaban los años a partir de la fundación de Roma –“ab urbe condita”, se decía–, algo que ocurrió en el año 753 antes de Cristo. Como el cálculo era complicado, la mayor parte de la gente se limitaba a usar como referencia los años del consulado o imperio en vigor: tercer consulado de César, año de Nerón, etc. En España era distinto: aquí se usaba una medida de tiempo singular, la era hispánica, que empezaba en el 38 antes de Cristo, al parecer porque esa fue la fecha formal de la pacificación de Hispania por el emperador Octavio Augusto.


Una difícil labor Y bien, la tarea de Dionisio era señalar correctamente las fechas de Pascua de Resurrección, para lo cual tenía que empezar a contar los años desde la muerte de Jesús, y para lo cual, a su vez, debía fijar la fecha del nacimiento. ¿Cómo hacerlo? Dionisio tenía una referencia muy concreta: dicen los Evangelios que Jesús nació en tiempos del rey Herodes el Grande, un monarca títere que los romanos habían puesto en Judea. Dicen también que Herodes quiso perseguir al Niño, que la familia tuvo que huir a Egipto para escapar de la ira del rey y que, enseguida, Herodes murió.  Fácil: bastaba buscar la fecha de la muerte de Herodes el Grande para fijar la fecha del nacimiento de Jesús. Pero Dionisio, ay, se equivocó.

Nadie sabe muy bien cómo Dionisio el Exiguo, a pesar de toda su ciencia, dio en situar la fecha de la muerte de Herodes el Grande en el año 753 desde la fundación de Roma. La verdad era que Herodes murió al menos cinco años antes. El hecho es que Dionisio situó el año 1 de la era cristiana en el 753 de la era romana... cuando Jesús ya debía de contar al menos con 4 años de edad. El despiste del Exiguo había situado la fecha de nacimiento de Cristo varios años después de que naciera. O sea, que Jesús nació... antes de Cristo.
Jesús de Nazaret debió de nacer entre los años -3 y -5. La fecha de su predicación, ya con 30 años de edad, debió de coincidir con la llegada de Pilato como prefecto de Judea, cosa bien datada en el año 26 de nuestra era. 

Ya sabemos que Jesús no nació en el año 1, pero es que tampoco nació realmente un 24 de diciembre. Para empezar, es difícil hacer la traslación del calendario judío tradicional al calendario romano que hoy conocemos. Pero es que, además, los Evangelios tampoco dan una fecha precisa para la Natividad. Los investigadores han tratado de reconstruir la fecha a partir de las descripciones de ambientes de los evangelistas. Así, hay quien opta por una fecha primaveral, porque la presencia de pastores parece indicar abundancia de pastos frescos. Pero hay también quien opta por una fecha otoñal porque los pastores acuden al portal con sus primicias, lo cual sugiere una fecha posterior al verano, con la cosecha recogida. A estos cálculos se añaden otros que toman como referencia los turnos sacerdotales según las Escrituras, lo cual da un amplio abanico de fechas en el que no es fácil decidirse por ninguna. Pero, entonces, ¿de dónde viene eso del 24 y el 25 de diciembre?
Hay que recordar que, en los primeros siglos de la cristiandad, los fieles no celebraban de manera especial la Natividad. La fiesta mayor era la Resurrección, como es enteramente lógico, y enseguida se empezó a celebrar también la Epifanía, esto es, la aparición de Jesús ante los hombres como Dios. La primera Epifanía es la de Jesús ante los Magos de Oriente, que en la Iglesia oriental empezó a celebrarse el 6 de enero para reemplazar a cultos de origen egipcio situados en torno a esa fecha. En la Iglesia ortodoxa se celebra la Navidad en esta fecha, pero eso es porque ellos mantienen el calendario juliano.

Lo del día 25 responde a otras motivaciones: en Europa, los pueblos precristianos acostumbraban a celebrar en torno a esos días el solsticio de invierno, habitualmente vinculado a cultos de regeneración: tras la noche más larga del año, sale el sol como promesa de vida. En Roma, al parecer, la fiesta había terminado degenerando en una especie de larguísima bacanal, las saturnales, donde todo exceso tenía su asiento. De esta manera los primeros papas –Julio I en 350 y Liberio en 354– resolvieron situar en el 25 de diciembre la fiesta de la Navidad, de forma que se hiciera más visible la cristianización de la sociedad romana. Realmente fue una buena idea.

Por cierto, es importante subrayar que Jesús de Nazaret existió históricamente, contra lo que en el siglo XIX empezó a sostener cierta escuela crítica. Hubo realmente un Jesús de Nazaret que predicó entre los judíos y murió en la cruz. Lo sabemos por las cartas de San Pablo (del año 55), por los escritos de Flavio Josefo (año 93) y, por supuesto, por los Evangelios, datados entre los años 70 y 90. Otras fuentes romanas de años posteriores inciden en lo mismo. De hecho, nadie ha dudado nunca de la historicidad de Jesús hasta bien entrada la Edad Moderna. Hoy, con datos en la mano, es imposible negar que Jesús existió de verdad. Al igual que es prácticamente seguro que nació en Belén. No hace falta otra cosa para celebrar la Nochebuena.

Autor: José Javier Esparza.
Fuente: www.intereconomia.com

martes, 25 de diciembre de 2012

LA NAVIDAD



ORIGEN DE LA PALABRA

La palabra para Navidad en el antiguo inglés tardío es Cristes Maesse, la Misa de Cristo, hallada por primera vez en 1038, y Cristes-messe en 1131. En holandés se dice Kerst-misse, en latín Dies Natalis, de donde se deriva la palabra francesa Noël, e Il natale en italiano; en alemán Weihnachtsfest, de previo a la Sagrada Vigilia. El término Yule (Navidad) es de origen incierto. El nombre en anglosajón era geol, fiesta: geola, nombre de un mes (cf. el islandés iol, una fiesta en diciembre). 

CELEBRACIONES TEMPRANAS 

La Navidad no figuraba entre las primeras fiestas celebradas antiguamente por la Iglesia. Ireneo y Tertuliano la omiten en su lista de fiestas; Orígenes, teniendo en cuenta quizá la deshonrosa Natalitia imperial, afirma (Hom. VIII sobre el Lev. en Migne, P.G., XII, 495) que, en la Sagrada Escritura sólo los pecadores, nunca los santos, celebraban la fecha de su nacimiento; Arnobio (VII, 32 en P.L., V, 1264) incluso ridiculiza el "cumpleaños" de los dioses.
Alejandría 

La primera evidencia sobre esta fiesta la encontramos en Egipto. Aproximadamente en el año 200 A.D., Clemente de Alejandría (Strom., I, XXI en P.G., VIII, 888) dice que ciertos teólogos egipcios "de manera bastante curiosa" indican, no sólo el año, sino también el día del nacimiento de Cristo, colocándolo el 25 de Pachon (20 de mayo), del vigésimo octavo año del reinado de Augusto. [Ideler (Chron., II, 397, N.) piensa que lo hicieron así, creyendo que el noveno mes en el que nació Cristo, era el noveno mes de su calendario]. Otros declaran que la fecha fue el 24 ó 25 de Pharmuthi (19 ó 20 de abril). Clemente, en su obra "De paschæ computus", escrita en el 243 y falsamente atribuida a Cipriano (P.L., IV, 963 ss.), da como fecha del nacimiento de Cristo el 28 de marzo, fecha en la que el sol material se creó. Pero Lupi ha demostrado (Zaccaria, Dissertazioni eec. del p. .A. M. Lupi Faenza, 1785, p. 219) que no existe un mes en el año en el que respetables autoridades no hayan designado como fecha del nacimiento de Cristo. Clemente, sin embargo, nos dice también que los basilianos celebraban la Epifanía, y, probablemente junto con esta fiesta, el Nacimiento de Cristo, el 15 ó 11 de Tybi (10 ó 6 de enero). Esta doble conmemoración se hizo popular, en parte, porque la aparición a los pastores fue considerada una manifestación de la gloria de Cristo, conmemorándosele entre las más importantes solemnidades, y celebrada el día 6 de enero; también, en parte, porque en la manifestación dada en el Bautismo, muchos códices (por ejemplo el Codex Bezæ) erradamente ponen que las Divinas palabras fueron sou ei ho houios mou ho agapetos, ego semeron gegenneka se (Tu eres mi Hijo Amado, yo te he engendrado hoy) en lugar de en soi eudokesa (en quien me complazco), leído en Lucas 3,22. Abrahán Ecchelensis (Labbe, II, 402) cita en las Constituciones de la Iglesia de Alejandría de tiempos de Nicea la frase: dies Nativitatis et Epiphaniæ; Epifanio (Hær., li, ed. Dindorf, 1860, II, 483) cita una sorprendente ceremonia semi-nóstica en Alejandría en la que, en la noche del 5-6 de enero, una extraña cruz con la imagen de Kore estampada en ella, era llevada en procesión alrededor de una cripta, mientras se entonaba el canto: "Hoy, a esta hora, Kore dio a luz al Eterno"; Juan Casiano, en sus "Colaciones" (X, 2 en P.L., XLIX, 820), escrita entre los años 418-427, dice que los monasterios egipcios todavía observan la "antigua costumbre"; pero, Pablo de Emesa, predicó el 29 de Choiak (25 de diciembre) y el 1 de enero del 433 ante Cirilo de Alejandría, y sus sermones (véase Mansi, IV, 293; apéndice del libro de los Hechos. Conc. Eph.) muestran que la celebración de Diciembre estaba firmemente establecida en aquel lugar, y los calendarios demuestran su permanencia. Por ello, la tradición de celebrar esta fiesta en diciembre, llegó a Egipto alrededor de los años 427 y 433. 

Chipre, Mesopotamia, Armenia, Asia Menor.

En Chipre, a finales del cuarto siglo, Epifanio se declara en contra del Alogi (Hær., li, 16, 24 en P.G., XLI, 919, 931) que Cristo nació el 6 de enero y se bautizó el 8 noviembre. Efraín de Siria (cuyos himnos son de Epifanía y no de Navidad), muestra que Mesopotamia todavía celebraba la fiesta del nacimiento de Cristo trece días después del solsticio de invierno; es decir, el 6 de enero; asimismo, Armenia ignora, y sigue ignorando la celebración de Diciembre. (Cf. Eutimio, "Pan. Dogm.", 23 en P.G., CXXX, 1175; Nicéforo, "Hist. Eccl.", XVIII, 53 in P.G., CXLVII, 440; Isaac, Catholicos de Armenia del siglo once o doce, "Adv. Armenos", I, XII, 5 in P.G., CXXII, 1193; Neale, "Holy Eastern Church", Introd., p. 796). En Capadocia, los sermones de Gregorio de Niza sobre San Basilio (quién murió antes del 1 enero del 379) y sus dos siguientes, predicados en la fiesta de San Esteban (P.G., XLVI, 788; cf, 701, 721), demuestran que en el año 380, el 25 de diciembre ya era ahí celebrado, a menos que, siguiendo los argumentos demasiado ingeniosos de Usener (Religionsgeschichtliche Untersuchungen, Bonn, 1889, 247-250), debemos colocar esos sermones en el año 383. También Asterio de Amaseia (siglo quinto) y Amfiloquio de Iconio (contemporáneo de Basilio y Gregorio) celebraban en sus diócesis ambas fiestas -Epifanía y Natividad- de forma separada (P.G., XL, 337 XXXIX, 36). 

Jerusalén 

En el año 385, Silvia de Burdeos (o Eteria, como parece evidente debe ser llamada) quedó profundamente impresionada por las espléndidas fiestas sobre la infancia del Señor Jesús celebradas en Jerusalén. Ellos celebraban la "Natividad"; el Obispo iba de noche a Belén, regresando a Jerusalén para las celebraciones del día. La fiesta de la Presentación se celebraba cuarenta días después. Pero este cálculo empezaba desde el día 6 de enero, y la fiesta duraba hasta la octava de esa fecha. (Peregr. Silv., ed. Geyer, pp. 75 ss.). Nuevamente, (en la pág. 101) ella menciona como muy importantes fiestas, la Pascua y la Epifanía. Como podemos ver, en el 385, el 25 diciembre no era observado en Jerusalén. Este dato verifica las citas dadas por Juan de Nikiu (c. 900), tomadas de las cartas entre Cirilo de Jerusalén (348-386) y el Papa Julio I (337-352), con el propósito de conseguir que en Armenia se celebre la Navidad el día 25 diciembre (véase P.L., VIII, 964 ss.). Cirilo declara que su clero no puede realizar en la misma fecha de la fiesta del Nacimiento y Bautismo, una procesión a Belén y Jordania. (Esta posterior práctica es un anacronismo). Él le pide a Julio que le asigne a la Navidad, su verdadera fecha "tomándola de los documentos del censo traídos por Tito a Roma"; Julio asigna como fecha el 25 de diciembre. Otro documento (Cotelier, Patr. Apost., I, 316, ed. 1724) dice que Julio le escribió a Juvenal de Jerusalén (c. 425-458), informándole que Gregorio Nacianceno, en Constantinopla estaba siendo criticado por "dividir la fiesta en dos". Julio murió en el año 352, y por el 385, Cirilo no había introducido cambio alguno cambio; de hecho, Jerónimo, escribiendo aproximadamente en el 411 (en Ezeq., P.L., XXV, 18), reprocha a Palestina el hecho de celebrar el nacimiento de Jesús (cuando Él se ocultaba) en el día de la fiesta de la Manifestación. Cosme Indicopleustes sugiere (P.G., LXXXVIII, 197) que, incluso a mediados del siglo sexto, Jerusalén se distinguía por combinar las dos conmemoraciones, arguyendo que en Lucas III,23, el día del bautismo de Cristo se realizó el día de Su cumpleaños. Sin embargo, la conmemoración en Jerusalén de David y del Apóstol Santiago se realizaba el día 25 de diciembre, hecho que muestra que esta fiesta no era celebrada en este día. Usener, tomando argumentos del "Laudatio S. Stephani" de Basilio de Seleucia (c. 430. -P.G., LXXXV, 469), piensa que Juvenal intentó introducir esta fiesta, pero que la fama del nombre de Cirilo hizo que la fecha se mantuviera sin variación. 

Antioquía 

En Antioquía, durante la fiesta de San Filogonio, Crisóstomo predicó un importante sermón. Esto sucedió, casi con certeza, en el año 386, aunque Clinton da como fecha el 387, y Usener, por una larga reestructuración de los sermones del santo, en el 388 (Religionsgeschichtl. Untersuch., pp. 227-240). Pero, entre febrero del 386, época en la que Flaviano ordenó a Crisóstomo de sacerdote, y diciembre, hay tiempo suficiente para la predicación de todos los sermones en cuestión. (Véase Kellner, Heortologie, Friburgo, 1906, pág. 97, n. 3). En vista a una reacción por algunas fiestas y ritos judíos, Crisóstomo intenta unir Antioquía en la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, ya que parte de la comunidad ya lo venía haciendo desde hacía más o menos diez años. Él declara que en Occidente esta fiesta es celebrada en esa fecha, anothen; esta introducción en Antioquía la cual él siempre buscó, fue opuesta por los conservadores. Esta vez, Crisóstomo tuvo éxito; en una iglesia llena de gente, defendió esta nueva costumbre. No era ninguna novedad; desde Tracia a Cádiz esta fiesta era observada debidamente, ya que su milagrosa difusión demostró su autenticidad. Además, Zacarías, que era sacerdote, entró en el Templo el Día de la Expiación, recibiendo el anuncio de la concepción de Juan, por consiguiente, fue en septiembre; seis meses después, Cristo fue concebido, es decir, en Marzo, naciendo en Diciembre.
Finalmente, aunque no estuvo nunca en Roma, sabía que los documentos del censo sobre la Sagrada Familia, todavía se encontraban ahí. [Esta apelación a los archivos romanos es bastante antigua, desde Justino Mártir (Apol., I, 34, 35) y Tertuliano (Adv. Marc., IV, 7, 19). En las falsificaciones de Cirilino, se dice que Julio calculó la fecha basándose en Josefo, de la misma forma que Crisóstomo se basó en injustificadas suposiciones sobre Zacarías]. Por ello, sabemos que Roma ha observado esta fiesta el 25 de diciembre, bastante tiempo antes del año 388, pues ese es el año en que Crisóstomo decretó el 25 de diciembre como fecha oficial de esta fiesta (P.G., XLVIII, 752, XLIX, 351).

Constantinopla

En el año 379 ó 380, Gregorio Nacianceno se convirtió en exarchos de esta nueva fiesta en Constantinopla, es decir, en iniciador, ciudad en la que después de la muerte de Valente, la ortodoxia renació. Sus tres Homilías (véase Hom. XXXVIII en P.G., XXXVI), fueron predicadas en días sucesivos (Usener, op. cit., pág. 253) en la capilla privada conocida con el nombre de Anastasia. Durante su destierro en el 381, esta fiesta desapareció.
Sin embargo, según Juan de Nikiu, Honorio, cuando estuvo en Constantinopla durante una visita, fijó con Arcadio, la observación de esta fiesta según la fecha romana. Kellner dice que esta visita se realizó en el 395; Baumstark (Oriens Chr., 1902, 441-446) dice que fue entre el 398 y el 402. Este último se basa en una carta de Jacobo de Edesa, citada por Jorge de Beeltân, en la que afirma que la Navidad fue llevada a Constantinopla desde Italia por Arcadio y Crisóstomo, ciudad en la que, "según historias", se había celebrado desde tiempos Apostólicos. El episcopado de Crisóstomo duró desde el año 398 al 402; por consiguiente, la fiesta debe de haber sido introducida entre esas fechas por el Obispo Crisóstomo, así como en Antioquía por El sacerdote Crisóstomo. Pero Lübeck (Hist. Jahrbuch., XXVIII, I, 1907, pp. 109-118) declara que las evidencias de Baumstark son inválidas. Otra declaración, incluso más importante pero poco acreditada, es el argumento de Erbes (Zeitschrift f. Kirchengesch., XXVI, 1905, 20-31), declarando que esta fiesta fue introducida por Constantino en el año 330-35.

Roma

En Roma, la evidencia más antigua la tenemos en el Calendario de Filocalio (P. L., XIII, 675; puede verse en su totalidad en J. Strzygowski, Kalenderbilder des Chron. von Jahre 354, Berlín, 1888), recopilado en el 354, el cual contiene tres importantes datos. En el calendario civil, el 25 de diciembre figura como "Natalis Invicti". En el "Depositio Martyrum", una antigua lista de mártires romanos y universalmente venerados, el día 25 de diciembre dice: "VIII kal. ian. natus Christus in Betleem Iudeæ". También menciona en el "VIII kal. mart." (22 de Febrero) la Cátedra de San Pedro. En la lista de cónsules, encontramos cuatro extraños registros eclesiásticos: los días en que nació y murió Cristo; la llegada a Roma y martirio de San Pedro y San Pablo. Esta significativa entrada dice: "Chr. Cæsare et Paulo sat. XIII. hoc. cons. Dns. ihs. XPC natus est VIII Kal. ian. d. ven. luna XV", es decir, durante el consulado de (Augusto) César y Paulo, nació Nuestro Señor Jesucristo en la octava antes de las calendas de Enero (25 de Diciembre), un día Viernes, el día catorceavo de la luna. Los detalles concuerdan con la tradición y las posibilidades. El epact, aquí XIII, normalmente es XI; el año es A.U.C. 754, una fecha que se creyó primero dos siglos después; ningún año, entre el 751 y el 754 pudo el día 25 de diciembre caer viernes; la tradición es constante en colocar el nacimiento de Cristo un miércoles. Es más, según la fecha dada para la muerte de Cristo (duobus Geminis coss., es decir, el 29 A.D.), Cristo murió a los veintiocho años. Además, estos datos en una lista de cónsules, queda claro que son una interpolación. Pero, no están estos dos datos también en el "Depositio Martyrum"? Aquí encontramos sólo el día del nacimiento de Cristo en la carne, por lo que puede ser que encabece el año de los natales espirituales de los mártires; pero el 22 febrero está totalmente fuera de lugar. Aquí, como en el fasti consular, fueron, por conveniencia, insertadas algunas fiestas populares. El calendario civil en sí mismo no fue exclusivamente modificado, pues dejó de ser útil después del abandono de las fiestas paganas. Por ello, aun cuando el "Depositio Martyrum" sea, como es probable, del año 336, no queda claro si el calendario contiene evidencias anteriores al propio Filocalio, es decir, al 354, salvo que, en efecto, la pre-existencia de esta celebración popular represente la posibilidad de su reconocimiento oficial. Si el manuscrito Chalki de Hipólito es genuino, tendríamos evidencias sobre esta fiesta de Diciembre desde aproximadamente el 205. El pasaje pertinente [el cual existe en el manuscrito de Chigüí, sin las palabras entre paréntesis, y que siempre a sido citado así antes de Jorge Syncellus (c. 1000)] dice así:
He gar prote parousia tou kyriou hemon he ensarkos [en he gegennetai] en Bethleem, egeneto [pro okto kalandon ianouarion hemera tetradi] Basileuontos Augoustou [tessarakoston kai deuteron etos, apo de Adam] pentakischiliosto kai pentakosiosto etei epathen de triakosto trito [pro okto kalandon aprilion, hemera paraskeun, oktokaidekato etei Tiberiou Kaisaros, hypateuontos Hrouphou kai Hroubellionos. - (Comm. In Dan., iv, 23; Brotke; 19)
"La primera venida de Nuestro Señor en la carne [en la que fue engendrado], en Belén, sucedió [el 25 de diciembre, el cuarto día] durante el reinado de Augusto [el cuadragésimo segundo año, y] en el año 5500 [desde Adán]. Sufrió en Su trigésimo tercer año [el 25 de marzo, en el decimoctavo año de Tiberio César, durante el consulado de Rufo y Rubelio]".
La interpolación es clara, y es un hecho admitido por Funk, Bonwetsch, etc., Los nombres de los cónsules [los cuales debían ser Fufio y Rubelio] están equivocados; Cristo vive treinta y tres años; en el genuino de Hipólito treinta y uno; estos minuciosos datos no tienen nada en común con los del milenarista Severiano; además, es poco creíble que Hipólito conociera estos detalles, cuando sus contemporáneos (Clemente, Tertuliano, etc.) al tratar este tema, lo ignoran o guardan silencio; o, después de haberlo publicado, seguía estando sin dichas anotaciones (Kellner, op. cit., pág. 104, tiene un excursus sobre este pasaje).

San Ambrosio (de virg., III, 1 en P. L., XVI, 219) ha preservado un sermón predicado por el Papa Liberio I en San Pedro, cuando, el día de Natalis Christi, Marcelina, la hermana de Ambrosio, tomó el velo. El pontificado de este Papa fue desde mayo del 352 hasta el 366, exceptuando los años 355-357, época en la que estuvo desterrado. Si Marcelina se hizo monja después de la edad canónica -veinticinco-, y si Ambrosio nació en el año 340, lo más probable es que este hecho ocurriera después del 357. Si bien el sermón abunda en referencias apropiadas para la Epifanía (las bodas de Caná, la multiplicación de los panes, etc.), aparentemente se debe a (Kellner, op. cit., pág. 109) un orden en su pensamiento, y no a que hubiese sido pronunciado el día 6 de enero, una fiesta que sólo fue conocida en Roma bastante después. Sin embargo, Usener defiende (pág. 272) la teoría de que Liberio lo predicó en esa fecha, en el 353, instituyendo la fiesta de la Natividad en diciembre de ese mismo año; pero, Filocalio justifica nuestra suposición que esta fiesta antecedió a su pontificado por algún tiempo, aunque Duchesne lo relega al 243 (Bull. crit., 1890, 3, pp. 41 ss.) algo que no es muy de alabar. En Occidente, el Concilio de Zaragoza (380) ignora aún la fiesta del 25 de diciembre (véase can. XXI, 2). El Papa Siricio, escribiendo en el año 385 (P. L., XII, 1134) a Himerio, en España, distingue las fiestas de Navidad y de Epifanía; pero no queda claro si se está refiriendo a la costumbre romana o española. Ammiano Marcelino (XXI, ii) y Zonaras (Ann., XIII, 11) fechan una visita que hizo Juliano el Apóstata a una iglesia de Vienne, en la Galia, durante la Epifanía y la Natividad, respectivamente. A menos que sean dos visitas, Vienne en el año 361 d. C, combinaba estas fiestas, aunque la fecha exacta es dudosa. Durante la época de Jerónimo y Agustín, la fiesta de Diciembre fue establecida, aunque este último (Epp., II, liv, 12, en P.L., XXXIII, 200) la omite en una lista de fiestas de primera importancia. A partir del cuarto siglo, el calendario de Occidente le asignan a esta fiesta el día 25 de diciembre. En conclusión, en Roma la Navidad se celebraba el día 25 de diciembre desde antes del 354; en Oriente, en Constantinopla, no antes del 379, a menos que sigamos a Erbes y rechacemos a Gregorio, diríamos que fue desde el 330. Por lo tanto, es casi universalmente aceptado que la fecha llegó a Oriente desde Roma, por el Bósforo, durante el reavivamiento anti-arriano, y gracias a los defensores de la ortodoxia. De Santi (L'Orig. delle Fest. Nat., en Civiltæ Cattolica, 1907), siguiendo a Erbes, dice que Roma tomó la fiesta de la Epifanía de Oriente, con un claro sentido Navideño, y, junto con un creciente número de Iglesias Orientales, la celebró el 25 de diciembre; después, Oriente y Occidente dividieron sus fiestas, dejando la Epifanía el 6 de enero, y la Navidad el 25 de diciembre. La primera hipótesis sigue siendo más aceptable.
ORIGEN DE LA FECHA

Los Evangelios 

Los Evangelios no proporcionan ayuda alguna acerca de la fecha del nacimiento de Cristo; según sus datos, nos encontramos con argumentos contradictorios. Parece imposible que el censo se haya realizado en invierno: toda una población no podría haberse puesto en camino. Por otra parte, sí pudo haberse realizado en invierno; pues sólo durante esta época del año el trabajo en el campo era suspendido. Pero, Roma no era tan considerada. Además, las autoridades difieren acerca de si los pastores solían cuidar sus rebaños y dejarlos pastear durante las noches de la estación de las lluvias.

El servicio en el templo de Zacarías 

Los argumentos que se basan en el ministerio en el templo de Zacarías, no son de fiar, aunque, los cálculos sobre su antigüedad (ver más arriba) han sido reavivados de una manera más complicada, por ejemplo por Friedlieb (Leben J. Christi des Erlösers, Münster, 1887, pág. 312). Se dice que, las veinticuatro clases de sacerdotes judíos servían en el Templo, cada una, durante una semana; Zacarías pertenecía a la octava clase, los Abia. El Templo fue destruido en el año 9 Ab, 70 d. C.; la tradición rabínica tardía dice que la primera clase, los Jojarib, estaban sirviendo entonces. De estos datos poco fiables, asumiendo que Cristo nació el año 79 A.U.C., y que en ningún momento, de esos setenta turbulentos años, la sucesión semanal falló, se calcula que la octava clase sirvió durante la semana del 2 al 9 de octubre del año 748 A.U.C., por lo que se deduce que la concepción de Cristo fue en marzo, y su nacimiento en diciembre. Kellner (op. cit., pp. 106, 107) declara que es muy poco serio calcular la semana que Zacarías estuvo sirviendo en el Templo partiendo de cualquier referencia anterior o posterior.

Analogía con las fiestas del Antiguo Testamento 

Parece imposible poder relacionar la analogía que existe entre la Pascua y Pentecostés judías, con la Pascua y Pentecostés cristianas, con la Navidad y la fiesta de los Tabernáculos, como lo hizo, por ejemplo, Lightfoot (Horæ Hebr, et Talm., II, 32), argumentando desde las profecías del Antiguo Testamento, por ejemplo la de Zacarías 14, 16 ss,; combinando, además, la muerte de Cristo ocurrida en Nisan, con la profecía de Daniel de un ministerio de tres años y medio de duración (9, 27), declara que el nacimiento se realizó en Tisri, -septiembre. Esto es tan poco feliz como relacionar el 25 de diciembre con la fiesta Oriental (Diciembre) de la Dedicación (Jos. Ant. Jud., XII, VII, 6).

Natalis Invicti 

La conocida fiesta solar del Natalis Invicti, celebrada el 25 de diciembre, ejerció una fuerte influencia sobre nuestra fecha Navideña. Para conocer la historia del culto solar, su importancia en el Imperio romano, y su sincretismo con el Mitraísmo, véase la obra de Cumont "Textes et Monuments" etc., I, ii, 4, 6, pág. 355. Mommsen (Corpus Inscriptionum Latinarum, 1, pág., 338), en la que ha recogido datos sobre esta fiesta, la cual llegó a su punto máximo de popularidad bajo Aureliano, el 274. Filippo del Torre, en 1700, advirtió su importancia; habría que subrayar que, como ya se ha dicho, sin la adición en el Calendario de Filocalo. Nos sería imposible aquí, el poder perfilar la historia e idioma del simbolismo solar aplicado a Dios, el Mesías y a Cristo, tanto en los canónicos judíos o cristianos, en la patrística, o obras de devoción. Los himnos y oficios de Navidad abundan en esto; Cumont ha delineado bien los textos (op. cit., addit. Nota C, pág. 355).

El primer texto conocido que une o relaciona el nacimiento de Cristo y el del sol, lo tenemos en Cipriano, "De pasch. Comp"., xix, "O quam præclare providentia ut illo die quo natus est Sol. nasceretur Christus". - "Oh, qué maravillosamente actuó la Providencia, que en el día en el que nació el Sol. Cristo debía nacer". -En el siglo cuarto, Crisóstomo, en su obra "del Solst. Et Æquin". (II, pág., 118, ed. 1588), dice: "Sed et dominus noster nascitur mense decembris. VIII KAL. Ian. Sed et Invicti Natalem appelant. Quis utique tam invictus nisi dominus noster?. Vel quod dicant Solis esse natalem, ipse est Sol iustitiæ". - "No obstante, Nuestro Señor, también nace en el mes de diciembre. en la octava antes de las calendas de enero [25 diciembre]., Pero ellos lo llaman el "Nacimiento del Invencible". Quién hay que sea tan invencible como Nuestro Señor.? O, si ellos dicen que es el día del nacimiento del Sol, Él es el Sol de Justicia". Ya Tertuliano (Apol., 16; cf. Ad. Nat., I, 13; Orig. c. Cels., VIII, 67, etc.) tuvo que afirmar que el Sol no era el Dios de los cristianos; Agustín (Tract. XXXIV, in Joan. En P. L., XXXV, 1652) denuncia la identificación herética entre Cristo y el Sol. El Papa León I (Serm. XXXVII in nat. dom., VII, 4; XXII, II, 6 en P. L., LIV, 218 y 198) reprocha duramente los remanentes del culto solar -los cristianos, en la misma puerta de la basílica de los Apóstoles, se voltean para adorar al naciente sol. El culto al sol ha legado rasgos en el culto popular moderno en Armenia, en donde los cristianos dieron en la antigüedad, de manera temporal y externa, culto al sol material (Cumont, op. cit., pág. 356).

Debemos considerar aquí, que incluso al "bautizar" de manera deliberada y legítima una fiesta pagana, no tuvo otro significado que el de la necesidad de transferir la supuesta fecha. El "nacimiento en la montaña" de Mitra y el de Cristo en una "gruta" no tienen nada en común: la adoración de Mitra por los pastores (Cumont, op. cit., I, II, 4, pág., 304 ss.) fue tomada prestada de las fuentes cristianas, y no viceversa.

Otras teorías de origen pagano 

El origen de la Navidad no debe buscarse en los Saturnales (1-23 de diciembre), ni tampoco en el santo nacimiento a media noche de Eleusis (véase J.E. Harrison, Prolegom., pág. 549) con su probable conexión a través de Frigia, con los herejes nasenos, o con la ceremonia alejandrina citada anteriormente; ni tampoco con los ritos análogos al culto del solsticio de invierno en Delphi, cuna de Dionisio, con su revocación desde el mar a un nuevo nacimiento (Harrison, op. cit., 402 ss.). 

La teoría astronómica 

Duchesne (Les origines du culte chrétien, París, 1902, 262 ss.) nos presenta la teoría "astronómica", en la que, tomando el día 25 de marzo como el de la muerte de Cristo [históricamente imposible, pero tan antigua como Tertuliano (Adv. Jud., 8)], el instinto popular, el cual quiere conocer con exactitud el número de años de una vida Divina, pone Su concepción en esa misma fecha, siendo Su nacimiento el 25 de diciembre. Esta teoría se apoya en el hecho que algunos montanistas (Sozomeno, Hist. Eccl., VII, 18) celebraban la Pascua el 6 de abril; así, tanto el 25 de diciembre y el 6 de enero son simultáneamente explicados. Es más, el cálculo sigue en su totalidad los argumentos basados en el número y en la "conveniencia" de la astronomía, en aquella época muy popular. Desgraciadamente, no existe evidencia contemporánea alguna sobre la celebración en el siglo cuarto de la Concepción de Cristo, en el día 25 de marzo. 

Conclusión 

El presente escritor se inclina a pensar que, estando el origen de esta fiesta en Oriente o Occidente, y a pesar de la abundancia de fiestas análogas celebrando el solsticio de invierno, éstas pueden haber ayudado, aunque de manera imprecisa, en la elección de la fecha de diciembre, de la misma manera que cuando se fijó la fecha del Natalis Invicti en el solsticio de invierno, aparte de la adaptación deliberada o de curiosos cálculos, para fijar en ese mismo día la fiesta cristiana. 

LITURGIA Y COSTUMBRES 

El calendario 

Al fijare esta fecha, quedaron también fijadas la de la Circuncisión y de la Presentación; la de la Expectación y, quizás, la de la Anunciación de la Santísima Virgen María; también la del Nacimiento y Concepción del Bautista (cf. Thurston en Amer. Eccl. Rev., Diciembre, 1898). Hasta el siglo décimo la Navidad era considerada, en los documentos pontificios, el inicio del año eclesiástico, como se sigue haciendo en las Bulas; Bonifacio VIII (1294-1303) restauró temporalmente esta costumbre, la cual Alemania sostuvo durante algún tiempo más.

Las celebraciones populares

El códice Theod., II, 8, 27 (cf. XV, 5,5) prohíbe, en el año 425, los juegos del circo durante el 25 de diciembre; aunque no fue hasta el Códice de Justino III, 12, 6 (529) que esta prohibición fue realmente impuesta. El Segundo Concilio de Tours (can. XI, XVII), en el año 566 ó 567, proclama la santidad de los "doce días" desde la Navidad hasta la Epifanía, y el deber de ayunar durante el Adviento; el de Agde (506), en los cánones 63-64, decreta una comunión universal, y el de Braga (563) prohíbe el ayuno durante el Día de Navidad. Pero, las celebraciones populares navideñas aumentaron tanto, que en 1110 se dieron las llamadas "Leyes del Rey Cnut", decretando un ayuno desde Navidad hasta Epifanía. 

Las tres Misas 

Las tres misas que señalan para esta fecha el Misal de Gelasio y el Gregoriano, y éstas con un martirologio especial y sublime, y con la dispensa, si fuera necesaria, de la abstinencia, todavía hoy son guardadas. Si bien Roma señala sólo tres Misas para la Navidad, Ildefonso, un Obispo español, en el 845, alude a una triple Misa en Navidad, Pascua, Pentecostés, y la Transfiguración (P.L., CVI, 888). Estas Misas, de medianoche, al alba, e in die, están místicamente relacionadas con la distribución judía y cristiana, o (como lo dice Santo Tomás, Summa Theol., III:83:2) al triple "nacimiento" de Cristo: en la Eternidad, en el Tiempo, y en el Alma. Los colores litúrgicos variaban: negro, blanco, rojo, o (por ejemplo en Narbona) se usaba el rojo, blanco, y violeta (Durand, Rat. Div. Off., VI, 13). El Gloria era sólo entonado al principio de la primera Misa de ese día.

El origen histórico de esta triple Misa, probablemente fue de la siguiente manera (cf. Thurston, en Amer. Eccl. Rev., Enero, 1899; Grisar, Anal. Rom., I, 595; Geschichte Roms. im mittelalter I, 607, 397; CIV. Catt., 21 septiembre de 1895, etc.): La primera Misa era celebrada en el Oratorium Præsepis en Santa María La Mayor -una iglesia probablemente asimilada desde el principio a la basílica de Belén- y la tercera en San Pedro, reprodujeron en Roma el doble Oficio de Navidad mencionado por Eteria (véase lo anteriormente dicho) en Belén y Jerusalén. La segunda Misa era celebraba por el Papa en la "capilla real" del Palatino, para los miembros de la corte bizantina, es decir, la capilla de Santa Anastasia, como fue originalmente llamada, al igual que la basílica en Constantinopla, Anastasis, y como ella, fue construida para reproducir la basílica del mismo nombre de Jerusalén -y como ella también, finalmente abandonó el nombre de "Anastasis", por el de la mártir Santa Anastasia. La segunda Misa fue, por consiguiente, una deferencia que el Papa hacia a la iglesia imperial en su fiesta patronal. Las tres lugares se mantuvieron así, pues, por el año 1143 (cf. Ord. Romani en P. L., LXXVIII, 1032) el Papa dejó de oficiar la tercera Misa en el distante San Pedro, y la empezó a decir en el altar mayor de Santa María La Mayor. En esta tercera Misa, León II inauguró, en el año 800, por medio de la coronación de Carlomagno, el Sacro imperio romano. Este día se convirtió en el favorito para las ceremonias de la corte, y en él, por ejemplo, Guillermo de Normandía fue coronado en Westminster.

Las representaciones dramáticas

La historia de la dedicación del Oratorium Præsepis en la basílica de Liberio, de las reliquias allí guardadas y sus imitaciones, no pertenecen a esta disertación [cf. Crib; Relics. Los datos están bien dados por Bonaccorsi (Il Natale, Roma, 1903, ch. IV)], pero la práctica de dar una expresión dramática, o por lo menos espectacular, a los hechos de la Navidad, fueron lo que, de alguna manera, dieron origen a los misterios litúrgicos. Por ejemplo, el ordinaria de Ruán y el de Reims, colocan el officium pastorum inmediatamente después del Te Deum y antes de la Misa (cf. Ducange, Gloss. med. et inf. Lat., s.v. Pastores); posteriormente, la Iglesia celebró un segundo misterio "profético" después de Tierce, en la que la Vigilia y la Sibila se unían con los profetas del Antiguo Testamento para honrar a Cristo. (Para más detalles sobre Vigilias y obras sobre la Navidad y profecías, ver la obra de Comparetti, "Virgil in Middle Ages", pág. 310 ss.). La obra "To out-herod Herod", es decir sobreactuar, muestra la violencia de Herodes. 

Los pesebres, Belenes o Nacimientos


San Francisco de Asís en el año 1223 dio origen a los pesebres o nacimientos que actualmente conocemos, popularizando entre los laicos una costumbre que hasta ese momento era del clero, haciéndola extra-litúrgica y popular. La presencia del buey y del burro se debe a una errónea interpretación de Isaías 1, 3 y de Habacuc 3, 2 (versión "Itala"), aunque aparecen en el magnífico "Pesebre" del siglo cuarto, descubierto en las catacumbas de San Sebastián en el año 1877. El burro en el que Balaam montó, en el misterio de Reims, hizo que la fiesta recibiera el nombre de Festum Asinorum (Ducange, op. cit., s.v. Festum).

Los himnos y villancicos 

La degeneración de las obras dramáticas ocasionó la difusión de villancicos y pastorales, a los cuales se les a otorgado en ocasiones, una posición cuasi-litúrgica. Prudencio, en el siglo cuarto, es el primero (y único en su siglo) en escribir himnos para la Navidad, pues los himnos "Vox clara" (himno para Laudes en Adviento) y "Christe Redemptor" (Vísperas y Maitines de Navidad) no pueden ser asignados a Ambrosio. Sin embargo, el himno "A solis ortu", pertenece a Sedulio (siglo quinto). Los primeros Weihnachtslieder alemanes datan de los siglos undécimo y duodécimo; los primeros villancicos conocidos datan del siglo undécimo, y del siglo decimotercero. El famoso "Stabat Mater Speciosa" es atribuido a Jacopone Todi (1230-1306); "Adeste Fideles" data del siglo decimoséptimo. Pero, éstos aires populares, e incluso palabras, deben de haber existido desde mucho tiempo antes de que fueran puesto por escrito. 

Tarjetas y regalos 

La costumbre pagana centrada en las calendas de enero, influyó en las de Navidad. Tiele (Yule and Christmas, Londres, 1899) ha recolectado muchos interesantes ejemplos. La strenæ (eacute;trennes) del 1 de enero romano (fuertemente condenado por Tertuliano, de Idol., XIV y X, y por Máximo de Turín, Hom. el CIII, de Kal. gentil., en P.L., LVII, 492, etc.) sobrevivió en la costumbre de los regalos Navideños, las tarjetas, y cajas.

Las fogatas Navideñas 

Las fogatas durante las calendas eran un escándalo en Roma, y San Bonifacio logró que el Papa Zacarías las aboliera. Pero, probablemente esta fogata de Navidad, en sus muchas formas, era originalmente encendido sólo debido al invierno. Sólo a partir de 1577 se convirtió en una ceremonia pública en Inglaterra; su popularidad, sin embargo, creció inmensamente, sobre todo en la Provenza; en la Toscana, la Navidad es simplemente llamada ceppo (bloque, leño -Bonaccorsi, op. cit., pág. 145, n. 2).

Además, estuvo también relacionada con otras costumbres; en Inglaterra, un siervo tenía el derecho de alimentarse a expensas de su señor, durante todo el tiempo que durase el fuego de una rueda de madera, que su señor le entregaba, el señor también entregaba a su siervo una carga de madera, cuando nacía un niño; Kindsfuss era el nombre de un regalo que se le daba a los niños cuando les nacía un hermano o hermana, e incluso, los animales de la granja también recibían el suyo, cuando Cristo, el hermano universal, nacía (Tiele, op. cit., pág. 95 ss.). 

El árbol de Navidad 

Gervasio de Tilbury (siglo trece), narra que en Inglaterra el grano era expuesto la noche de Navidad, para que adquiera la fertilidad del rocío que cae en respuesta al "Rorate Cæli"; la tradición en la que los árboles y las flores florecen durante esta noche, es citada por primera vez, de un geógrafo árabe del siglo décimo, y se extendió por toda Inglaterra. Alrededor del siglo decimotercero, en la épica francesa, se ven velas en los árboles florecientes. En Inglaterra, el bastón de José de Arimatea era el que florecía en Glastonbury y en otros lugares; cuando el 3 de septiembre se convirtió en 14 de septiembre, en el año 1752, 2000 personas estuvieron observando si el espino Quainton (cratagus præcox) brotaría en la nueva fecha Navideña; y como no lo hizo, se negaron a guardar esta nueva fecha. De esta costumbre de decorar los árboles tomada de las calendas (que fue prohibido por el Arzobispo Martín de Braga, c. 575, P. L., LXXIII -el muérdago fue legado por los Druidas), surgió el del árbol de Navidad, mencionado por primera vez en el año 1605 en Estrasburgo, e introducido en Francia e Inglaterra, recién en el año 1840, por la princesa Helena de Mecklenburg y el príncipe Consorte respectivamente. 

El visitante misterioso 

Sólo con mucha cautela debemos relacionar al misterioso bienhechor de la noche de Navidad -Knecht Ruprecht, Pelzmärtel en un caballo de madera, San Martín en un caballo de batalla blanco, Martín en un corcel blanco, San Nicolás y su equivalente "reformado", el Padre de la Navidad, quien junto con su esposa Berchta, desciende en las noches entre el 25 de diciembre y el de 6 enero, en un caballo blanco, para bendecir la tierra y los hombres. Las fogatas y las ruedas encendidas iluminaban las colinas, se adornaban las casas, los juicios eran suspendidos y se celebraban fiestas (cf. Bonaccorse, op. cit., pág. 151). Knecht Ruprecht, de todos modos (mencionado por primera vez en un misterio de 1668 y condenado en 1680 como un demonio) era sólo un siervo del Santo Niño. 

Celebraciones no-católicas

Sin duda alguna, los nuclei cristianos asumieron costumbres paganas. Pues las momias de las calendas; el extraordinario y obsceno Modranicht; el pastel en honor de la "placenta" de María, condenado por el Concilio de Trullan (692), canon 79; el Tabulæ Fortunæ (comida y bebida ofrecidas para obtener alzas, condenado en el 743), véase Tiele, op. cit., cap. VIII, IX -los datos de Tiele son quizá de mayor valor que sus deducciones- y Ducange (op. cit., s. vv. Cervula y Kalendæ).
En Inglaterra, la Navidad fue prohibida por un Acta del Parlamento en 1644; debía de ser considerado día de ayuno y de mercado; las tiendas fueron obligadas a abrir; los budines de ciruela y los pasteles de carne picada y frutas fueron condenados como paganos. Los conservadores se resistieron; en Canterbury se derramó sangre; pero después de la Restauración, los disidentes continuaron llamándola Yuletide "Fooltide".
Además de los trabajos mencionados en el artículo, véase también, Die Geschichte des deutschen Weihnachts (Leipzig, 1893); MANN-HARDT, Weihnachtsblüthen in Sitte u. Sage (Berlin, 1864); RIETSCHEL, Weihnachten in Kirche, Kunst u. Volksleben (Bielefeld and Leipzig, 1902); SCHMID, Darstellung der Geburt Christin der bildenden Kunst (1890); MÜLLER, Le costumanzi del Natale (Rome, 1880); CORRIERI, Il Natale nelle letterature del Nord in Cosmos Cath. (December, 1900); ERBES, Das Syrische Martyrologium, etc., in Zeitschr. F. Kirchengesch. (1905), IV (1906), I; BARDENHEWER, Mariä Verkündigung (Freiburg, 1905); DE KERSAINT-GILLY, Fêtes de Noël en Provence (Montpellier, 1900); DE COUSSEMAKER, Drames Liturgiques du Moyen Age (Paris, 1861); DOUHET, Dict, des mystères in MIGNE, Nouv, encycl. théol., XLIII; PÉREMÈS, Dict. De Noëls, ibid. LXIII; SMITH AND CHEETHAM, dict. Christ. Antiq., s.v. Christmas.
CYRIL MARTINDALE
Trascrito por Susanti A. Suastika
Traducido por Juli
n Alejandro Nieva
Fuente: http://ec.aciprensa.com